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DEJEMOS TRANQUILO A FREUD

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Mikkel Borch-Jacobsen: “El Psicoanálisis no existe. Es una nebulosa sin consistencia, un blanco en perpetuo movimientos”

Tomo esta cita de un artículo escrito en la revista “El Periodista”, Año 5, número 125, del 5 de Abril de 2007, para ligarla con otra cita del mismo texto: ¿Cómo explicar que una teoría como el Psicoanálisis haya tenido tanto éxito?.

El autor plantea que el Psicoanálisis no existe porque es una teoría que no se puede entender como un cuerpo de doctrina coherente, organizado en torno a tesis claramente definidas y, por consiguiente, potencialmente refutables.

Es cierto que al leer la enorme obra de Freud se encuentran inconsistencias, contradicciones, asombros y sorpresas, ya que muchas veces él mismo nadaba en aguas obscuras que no lograba esclarecer. Sin embargo, esta situación puede entenderse también como un mérito, donde la curiosidad, las interrogantes por el mundo contemporáneo, sus inquietudes y angustias, lo instalan en una posición de pregunta frente al saber. El hecho de ser una ìteoría vacía y hueca, permite un espacio, una falta necesaria en todo cuerpo teórico y psíquico, para que se produzca el movimiento.

Desde este punto de vista, obviamente sus teorías no serían las mismas en 1895, 1900 y 1914. La postura de Freud es esa: renovarse permanentemente y ser capaz de tomar los virajes más inesperados, lo cual es coherente, además, con su principal descubrimiento: el inconsciente.

La capacidad que ha tenido el psicoanálisis de integrar elementos de diversas áreas, de preguntarse por el ser humano, por el sujeto moderno, e incluso por sÌ mismo, le ha permitido trascender por más de un siglo. Este hecho la hace ocupar un lugar importante en el pensamiento contemporáneo, una nueva epistemología en la ciencia, la filosofía, las artes y otras disciplinas.

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Jean Cottraux: “¿Exploración indefinida o cura de las mentes con problemas? ¿Disciplina reina del conocimiento de sí o método terapéutico? ¿Desarrollo personal o terapia?”

Para que existan efectos en un tratamiento psicoanalítico es necesario enlazar estas dicotomías planteadas: El psicoanálisis es una exploración para curar mentes con problemas. Es una disciplina del conocimiento de sí mismo que utiliza un método terapéutico. Es una terapia que implica un desarrollo personal.

Para que las mentes con problemas se curen, es imprescindible la disposición del paciente a explorar el origen de éstos. Esta inquietud será el motor que permitirá mantener el tratamiento en el tiempo.

El método principal de esta disciplina de autoconocimiento es la asociación libre. Esta técnica supone que la verdad está en otra parte, en un lugar desconocido para el yo y que, a través de la conexión azarosa de las palabras, se puede conocer la historia psíquica del paciente. De esta manera, se invita al paciente a hablar de lo que se le ocurra, aún cuando encuentre que sus pensamientos son absurdos.

Existen ocasiones en las cuales la persona no quiere hablar, responde lo justo y necesario, no le gusta profundizar. A veces hay pacientes desconfiados, otros pacientes asisten a sesión tarde, después de estar horas afuera dándose vueltas, pensando si entran. Pacientes que después de hablar de sus problemas le preguntan al psicólogo si realmente necesitan terapia. Pacientes que sienten que no van a ninguna parte. A estas dificultades Freud las llamó  “resistencias”. Estas no son un concepto abstracto, sino que son un tema práctico, muy común, que produce topes para llevar a cabo el tratamiento. Freud dice que estas actitudes son desfavorables para el analista. ¿Son desfavorables para el analista o más bien, para el propio paciente que se instala trampas, impidiendo la continuidad de su proceso terapéutico? Desde este punto de vista, hay que considerar que el  analista debe “hacer piruetas” para enfrentar las resistencias y lograr entregar un lugar que permita la libertad de la palabra. En ese momento se establece el espacio para una posible cura.

Una de las recurrentes críticas al psicoanálisis está relacionada con la duración de los tratamientos. Sin embargo, hacer explícita esta dificultad también podría entenderse como una cualidad, ya que  hace del psicoanalista un ser honesto y claro frente a la realidad, a la complejidad del aparato psíquico, a los mecanismos y complicaciones de una terapia. En la psiquis existen puntos estructurales tan arraigados, tan inamovibles, que resisten a cualquier intervención. Es posible que Freud haya pensado que los tratamientos no sirven porque el camino terapéutico se encuentra, a veces, con verdaderas rocas, imposibles de movilizar. Estas limitaciones no son propias de la psiquis, ya que en otros tratamientos como de ortodoncia o de obesidad, por ejemplo, también existen límites establecidos por la estructura: momentos en los cuales los dientes no pueden seguir moviéndose, o topes para bajar de peso. En todos estos tratamientos se hace imprescindible la disposición y el esfuerzo del paciente para evitar la tendencia natural de todo sistema: volver al origen.

En la teoría psicoanalítica existe el concepto llamado “desplazamiento del síntoma”, que refiere a un mecanismo que produce que la energía psíquica que está ubicada en algún lugar del cuerpo, produciendo una enfermedad, por ejemplo, sea desplazada hacia otro Órgano. Existen terapias localizadas que son de menor duración y que apuntan a suprimir el síntoma, sin embargo éstas no necesariamente tratan el tema de fondo, solo desplazan la “enfermedad”. En este sentido, resolver un problema en corto tiempo no se soluciona solo con buenas intenciones y la garantía de lograrlo esté más determinada por la complejidad del ser humano en particular que por el enfoque teórico.

El psicoanálisis es un lugar de desarrollo personal, ya que necesita de un importante trabajo del paciente consigo mismo para lograr resultados terapéuticos. Hacer consciente lo inconsciente, ligar energía no-ligada, son algunos términos técnicos que producen efectos prácticos en las personas. En este proceso terapéutico existen espacios que no están controlados ni conocidos, lugares incógnitos para el paciente y, también, para el analista. Es similar a la realización de un documental: existe un camino, un método a seguir, pero lo que se va encontrando sorprende, es un descubrimiento para ambos, que va abriendo nuevos caminos.

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Jacques Van Rillaer: “Los freudianos utilizan bonitas fórmulas y se jactan de una vasta cultura literaria y filosófica”

Un psicoanalista conocido por sus fórmulas es Jacques Lacan. Aún cuando a veces los conceptos psicoanalíticos son poco comprensibles, las “bonitas formulas” utilizadas por él han ayudado a graficar las dinámicas del aparato psíquico. Sin embargo, es cierto que en ocasiones la utilización de este lenguaje ha transformado al psicoanálisis en una discusión de conceptos herméticos y misteriosos, en vez de hacer un aporte asequible a las personas.

Los psicoanalistas franceses tienen, efectivamente, una vasta cultura literaria y filosófica. J. Lacan, basándose en Freud, construye una teoría psicoanalítica en la que existen aportes de diversas disciplinas como la lingüística, la filosofía, la antropología, la poesía, la lógica e incluso las matemáticas. A partir de estos nuevos conceptos, los franceses post-lacanianos han elaborado teorías acerca del mundo social contemporáneo, ampliando la aplicación del psicoanálisis a otros grupos sociales y a nuevos contextos institucionales.

En este sentido, es difícil someter al psicoanálisis a requisitos propios de la rigurosidad  y la paciencia científica, ya que se escapa por todos lados. Sin embargo, hay que considerar que la paciencia que tiene que tener un erudito, en estos días, no deja de ser importante.

Meter Swales: “Deben convenir expresamente, con audacia y sin escrúpulos, honorarios suficientemente altos para que los clientes potenciales tengan la impresión de que la prestación que les ser· propuesta tiene valor”

La relación con el dinero es compleja para todo el mundo. Es importante que la actitud del psicoanalista hacia el paciente sea franca en el tema de los honorarios, ya que si no existe claridad puede llevar a malos entendidos que alteran el vínculo terapéutico. Los honorarios “suficientemente altos” se refieren a lo que significa esa”altitud” para la persona atendida.

La naturaleza del sistema psíquico tiende a la descarga, a la homeostasis, a buscar el punto cero, el equilibrio que lleva a la inercia. Para que el sistema logre movilizarse necesita un “plus”, un esfuerzo que lo ayude a salir de este estado.

El dinero y otros temas son una metáfora de este funcionamiento. Por ejemplo, para mantener el peso del cuerpo en un nivel “sano” es necesario ocupar un plus de energía, un esfuerzo que lo movilice. Este concepto es similar a lo que sucede con el tema del pago en terapia: para que se produzcan cambios en la persona es importante que exista un esfuerzo, que realmente sea un trabajo para la persona, que permita salir del “rodaje eterno”, de la inercia producida por la enfermedad.

Es en este sentido que se relaciona con la valoración del espacio subjetivo. Pero más que sea en sí mismo “suficientemente alto”, es el significado que la persona le entrega. Un monto en particular puede se valorizado como muy alto para algunos y sin importancia para otros.

La caridad en terapia no funciona, no produce movilidad. Solo produce dependencia hacia el otro, comodidad e infantilismo, ya que la persona no logra tomar-se, hacerse cargo de su propia vida. La caridad somete a la persona ayudada, en este caso el paciente, a una relación de deuda con la persona que ayuda. Esta deuda altera la relación terapéutica, ya que el paciente sentirá la necesidad de pagarle de alguna manera y no se podrá constituir el espacio necesario para hablar de sentimientos “negativos” que pueda tener hacia el analista, por ejemplo, que son importantes para que el tratamiento sea realizado. Por esto, es mejor priorizar la claridad frente a la caridad.

En un principio el psicoanálisis era solo accesible a personas con altos recursos económicos. Actualmente, las prácticas en espacios fuera de la consulta han permitido encontrar formas de aplicación de esta disciplina en otros lugares de intervención.

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Es difícil hablar de una persona después de más de un siglo de su existencia. Primero, porque es poco lo que se sabe y mucho lo que se ha inventado. Segundo, porque el contexto es particular y diferente al actual. Tercero, porque la persona no está presente para corroborar, ya sea a favor o en contra, lo que se dice. No es fácil exponer casos clínicos en forma rigurosa, debido a la importancia de mantener la privacidad de los pacientes y a la imposibilidad de una trascripción literal de una sesión terapéutica.

Freud se ubica en un lugar de curiosidad frente a lo desconocido del ser humano. El hecho de que haya experimentado con la cocaína o que haya ubicado a la homosexualidad dentro de las perversiones y que la haya atribuido principalmente a la relación con la madre, son hipótesis NO absolutas, que él registró en un contexto particular y que debiera estar en permanente revisión. Los casos y contextos actuales obligan a reformular las teorías constantemente, aportando a lo ya realizado. Es preferible estudiar, profundizar y cuestionar los conceptos, que seguir criticando a un hombre que hizo lo que pudo, con las herramientas que tenÌa. Dejémoslo tranquilo, dejémoslo descansar en paz.

Revista El Periodista, Año 5, número 125, del 5 de Abril de 2007
www.elperiodista.cl

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