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El TERCER CHAKRA

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El Tercer Chakra se encuentra en la zona del ombligo, primer  punto a través del cual el feto recibe alimento y energía para vivir. Posteriormente este centro se transforma en una fuente de concentración de energía que se distribuye a otras zonas del cuerpo.

Fortalecer el punto del ombligo ayuda a desarrollar la disciplina, la voluntad y la fuerza que motiva a levantarse todas las mañanas. Ayuda a realizar la acción y llevar a cabo los proyectos.

El abdomen es un lugar del cuerpo que no tiene hueso. Desarrollar los abdominales ayuda a fortalecer la voluntad interna, aquella que permite sostener la vida.

LAS MUJERES PIDEN AYUDA

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Esta semana ha sido agotadora. Entre supermercados, ordenar la casa, reuniones con amigos, cumpleaños y citas… La pareja, los hijos. Los padres, suegros y familiares… Todo esto empapado por el famoso mundo laboral en el cual se nos ocurrió participar.

La integración de la mujer al mundo laboral tiene que ver con un desarrollo personal. Nuestra mente empieza a pensar, a reflexionar y nuestro cuerpo a actuar. Tenemos opiniones frente a lo que nos rodea y empezamos a construir y participar en el espacio público, ya sea ministerios, universidades, empresas y todos aquellos lugares fuera de lo privado del hogar.

Al ser el espacio público un nuevo ámbito de acción, necesitamos un gran esfuerzo para ser aceptadas, lo que hace que, en muchas ocasiones, nos pongamos más papistas que el Papa. Al integrarnos a un mundo que pertenecÌa a los hombres, la mujer debe tener mucha fuerza para ser escuchada y utilizar más energía de la habitual para ser reconocida.

Esto tiene efectos en el espacio familiar y privado. Llegamos a casa y nos encontramos con el desorden. Los platos sin lavar, ropa en el suelo desde hace días y camas sin hacer. Si estamos en pareja, se producen algunos roces. Estamos tan cansadas y ensimismadas con el tema del “afuera” que nos cuesta concentrarnos en el hogar, en la relación con el otro, en nuestro cuerpo e intimidad. Si existen hijos, aparece la culpa. Se pretende entregar TODO en dos horas y el afecto se transforma en una necesidad ansiosa por cumplir.

Funcionamos. Llenamos el espacio personal y llenamos con nuestro ser el espacio laboral. Tomamos actividad tras actividad, sin darnos cuenta, hasta vernos saturadas. Pero seguimos, sin escuchar, sin mirar, sin hablar. Haciendo, haciendo, haciendo.

Empiezan las discontinuidades entre nuestros pensamientos, sentimientos y acción. Nuestros sentimientos se resisten a tanta actividad y provocan los peores lapsus, equívocos y reclamos por la necesidad de ser escuchados. Empezamos a llegar atrasadas a todos lados, nos caemos de la escalera, nos tropezamos en la calle o nos pegan la patada emocional del siglo.

Ahí comprendemos en lo que estábamos y nos volvemos a conectar con nuestro cuerpo, nuestra afectividad y nuestro núcleo íntimo. Nuestro cuerpo pide cariño y respeto por el propio ritmo, docilidad y fragilidad. No nos queda más que llegar al hogar, acostarnos en el nido, taparnos con nuestro adorado plumún y llorar.

En el hacer  se pierde el ser. Es importante aprender a dosificar. Es positivo que las mujeres seamos seres pensantes y que logremos desarrollarnos personalmente, tener un cuento y una opinión frente a la vida y al mundo. Pero es importante, también, no exagerar en el intento. Lograr darle un espacio a nuestro ser afectivo, espiritual y de relaciones.

Para eso necesitamos ayuda. De nosotras mismas y de nuestros queridos hombres, que se encuentran muy impresionados con esta novedad y no saben como soportar tanta discontinuidad. Es importante que ellos aprendan, también, de la riqueza que puede haber en el desarrollo de la paternidad, lo entretenido que pueden ser algunas labores domésticas y lo reconfortante del espacio privado.

Estamos frente a la presencia de nuevos seres, hombres y mujeres, que nunca en la historia se han relacionado de esta manera. Es un mundo nuevo que solo enseña estirando el elástico lo más posible hasta que se rompe. Se necesita creatividad y dedicación para reconstruirlo. Paciencia y tolerancia para soportar las eternas repeticiones y hacer de estos tiempos un aprendizaje.

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XIMENA ARRAU, Psicóloga
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