La verdadera delincuencia es lo que estamos haciendo con nuestro planeta, como lo maltratamos.

¿Han pensado que en 20 años más sus hijos podrían abrir la llave y no encontrar agua para beber?
ESO SI ES ROBO
Proviene del cuento: OVULITA
Ovulita encuentra a Permión. La unión es compenetrada e intensa. Intuye que es el elegido.
Ovulita y Permión se unen, pasa el tiempo, crecen y crecen. Sus cuerpos cambian, hasta no reconocerse. Juntos forman un pequeño cuerpo, un gran cuerpo, que se desarrolla. Manos, cabeza, pies, ojos, boca, nariz, torso.
Forman a Gaspar.
El nacimiento de Gaspar no es fácil. A Ovulita y Permión les cuesta soltarlo. Se encariñan tanto con el niño, que no aceptan que Gaspar debe partir a encontrarse con un mundo extraño, frío, desconocido. No. Ellos quieren que quede para siempre en la obscuridad y el calor de aquel útero materno, que tanto le costó engendrarlo. Gaspar tampoco quiere salir. Tan cómodo está, que la madre debe pujar y pujar mucho para obligarlo, para ayudarlo. Nace adormecido.
Pero sale. Nace con los ojos cerrados por la molestia de la luz. Sale y siente frío. No comprende nada. Tan feliz está, que no entiende que una fuerza incógnita lo lleve sin querer, lo empuje a un lugar extraño, frío y desconocido.
Unas manos lo toman y algo le corta su único alimento, en el estómago. Alguien lo abraza. Brazos fuertes, grandes, pesados. Lo toman y lo cubren con algo que le da calor. Brazos que lo llevan a otros brazos, para acurrucarlo en alguien con el mismo olor de donde proviene. Gaspar se tranquiliza.
Pasa el tiempo y el niño abre sus ojos. Se encuentra con miradas, muchas miradas y voces que dicen lo lindo que es: que se parece a su papá, al hermano mayor, que tiene la sonrisa de su madre y el dedo meñique de su abuela muerta hace veinte años. Que tiene un lunar igual al del abuelo y llora como su hermanita. Gaspar no entiende, pero es feliz de que tanta gente hable de él.
Pasa más tiempo. Gaspar llora y la madre no viene. Gaspar llora, la madre está lejos. Gaspar llora con fuerza y la madre se acerca, le pone chupete. Gaspar no lo quiere, desea que lo tomen. Llora con más fuerza, la madre no viene. No entiende por qué lo sacan de ese lugar calientito, completo y seguro, si nadie lo atiende. Se siente solo.
Más tiempo pasa. Gaspar crece, camina, mira a los demás, las cosas, se mira a sí mismo. Pregunta, le explican y pregunta más. Le vuelven a explicar y otra pregunta y otra respuesta, pero no es suficiente. Se cansan y le dicen ìporque sí!. Queda tranquilo y feliz, hasta que nuevamente le da hambre, llora, pregunta y nadie le responde esta vez. Gaspar está solo.
Como es inteligente, como tantas miradas lo sostuvieron la primera vez, como lleva la marca del abuelo y la nariz del padre y tiene abuela que se murió hace tiempo y tuvo brazos que lo esperaron, empieza a responderse a sí mismo. Inventa un cuento, una historia que lo tranquiliza.
Gaspar quiere regresar al lugar de origen. Busca abrazos, similares a los primeros, pero no los encuentra. Hay momentos en que se siente completo, pero al instante cae, se derrumba, se desilusiona, hasta nacer de nuevo.
Gaspar logra sostenerse. A medida que crece, entiende que no volverá a ese lugar, que debe conformarse y encontrar otros.
¡Somos arrojados al mundo y pasamos la vida buscando cual es nuestro lugar!
Gaspar, en su fría soledad, se alimenta, mira, escucha, siente. Da pasos que permiten caminar y caminar, hasta encontrarse.