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EN EL PSICÓLOGO: “Al Psicólogo.. ¿Yo?… ¿Por Qué?”

Una persona asiste al psicólogo cuando tiene un problema que no logra resolver. En general, es algo puntual, que sucede en el trabajo, la familia o consigo misma. La persona quiere que el psicólogo le ayude a encontrar herramientas para superar su conflicto.El gran problema surge en el transcurso de la conversación, al darse cuenta que éste no es el único conflicto que existe. Este es solo la “gota que rebalsó el vaso”, es uno más de muchos problemas que se repiten, que se arrastran y que solo han sido postergados.El otro problema surge cuando la persona se da cuenta que no basta con una sesión para estar bien, sino que se trata de un trabajo personal que requiere tiempo, disposición y dedicación.

Se puede hablar con amigos, familiares, con un cura o un profesor. Todos están capacitados para dar consejos y soluciones, ya que son los que mejor conocen a la persona. Además, cada uno cumple una función distinta.

En las relaciones de amistad se establecen valores importantes como la lealtad, la confianza y la incondicionalidad, que acompañan a la persona a lo largo de la vida. Los amigos entregan un espacio único que permite hablar de cosas íntimas. Sin embargo, a veces los diálogos que se establecen son como espejos: quien escucha espera que se termine el tema, para comentar su experiencia, opinión, o para exponer su problema. Así, las conversaciones se transforman en una descarga o en una necesidad de sostener vínculos. Esto es común y necesario que suceda, ya que lo que se busca con los amigos es reír y pasar un momento agradable, más que estar siempre en una conversación profunda y personal.

En la familia se establecen relaciones de jerarquía, que implican límites y espacios de privacidad. Esto significa que existen temas que no se hablan entre algunos integrantes del núcleo familiar.  Además, las relaciones intrafamiliares están cargadas de emociones y sentimientos que afectan los vínculos personales y que interfieren en la “objetividad”.

El rol del cura y del profesor es educar y orientar por caminos éticos y morales. Al hablar con ellos se espera conseguir un consejo, una pauta de buena conducta, una orientación.

La función del psicólogo es ofrecer un lugar de escucha. Ofrece la posibilidad de entender lo que la persona quiere decir, sin tapar ese decir con la propia historia, con consejos o con normas de conducta. Intenta entender lo que el paciente piensa, de ponerse en su lugar y comprender lo que le sucede. Comprender desde dónde y cómo elabora sus dificultades, su historia y la vida en general.

Al ofrecer este espacio único y exclusivo, la persona puede escucharse y, al hacerlo, se va encontrando consigo misma, sus fantasmas y su historia. El paciente proyecta sus personajes simbólicos, transfiriendo al psicólogo, el estilo de relación que ha establecido con el otro, ya sea en la infancia o en la actualidad. A medida que pasa el tiempo, el paciente se da cuenta que, al expresarse en su relación con el psicólogo, elabora y repara las relaciones que establece con los demás.

Algunas terapias se basan en el método de asociación libre. Este método supone que en el inconsciente las cosas no están ligadas de modo lógico como en el consciente. Esto significa que los problemas no siempre están relacionados solo con las causas y antecedentes que los desencadenan, sino que, muchas veces, es necesario ir más allá del tiempo y del espacio cronológico para entenderlos. Cuando una persona habla libremente de lo que se le ocurre, va encontrando asociaciones y ligazones que no conocía y va entendiendo que lo que provoca  su dolor se “teje” en otro lugar.

Cuando existe un problema que no se logra resolver y cuando la persona se da cuenta que su motivo de consulta es solo la punta del iceberg de una larga historia y que, además, necesitará tiempo, energía y dedicación para solucionarlo, le hará sentido tener un espacio, ofrecido por otro, que le permita reflexionar acerca de lo que ocurre.

La persona empieza a entender que sus conflictos no son producto del azar ni del destino, si no, que tienen relación con la forma de conducirse y de cómo se ha conducido a lo largo de su vida.

Tener un espacio de reflexión y trabajo personal permite ser protagonista de la propia historia.

 

TRANSFERENCIA E HISTERIA: IV.- “Casos Clínicos en Freud: MISS LUCY”

Viene de: “TRANSFERENCIA E HISTERIA. IV.- Casos Clínicos de Freud: Emy de N”

En el caso de Miss Lucy, intitutriz inglesa, que cuida a dos niñas porque madre fallece, se puede percibir con mayor claridad la constitución del síntoma. Freud toma como punto de partida del análisis el “olor a harina quemada”, (que es una alucinación) suponiendo que existiría una correspondencia con un objeto real determinado. La escena inicial en la cual la paciente se encuentra jugando a preparar comida con las niñas, recibe la carta de su madre, ellas se la quitan para guardarla hasta su cumpleaños y ella siente un conflicto de afectos, ya que estaba pensando en dejarlas e irse a vivir con su madre, va enlazando la sensación olfativa al suceso conflictivo que produce el trauma. Entonces, en vez de recordar la escena, recuerda la sensación enlazada. En este caso nuevamente una representación es expulsada de la conciencia y excluida de la elaboración asociativa, encontrando camino en la inervación somática.

Después de un tiempo de análisis, Freud sospecha que entre las premisas del trauma debía existir alguna que la paciente silenciara o dejara en la obscuridad o el olvido. Frente a esto Freud afirma a la paciente que está enamorada del padre de las niñas y curiosamente ella le responde “Si, creo que tiene Ud. razón”. “¿Y por qué no lo había dicho?”, le pregunta él. “No lo sabía, o más bien no quería saberlo, quería quitármelo de la imaginación y lo había conseguido”

Este ejemplo describe el estado en el que sabemos e ignoramos simultáneamente algo. Si bien el olor disminuye, no desaparece, lo que hace suponer a Freud que puede estar ligado a traumas secundarios. Luego surge un olor a tabaco que había sentido antes de que éste ocupara el lugar. Llega a la escena en que un invitado del padre quiere besar a las niñas: “¡No bese Ud a las niñas! Tan inesperada salida de tono me impresionó profundamente y como los señores estaban fumando, se me quedó fijado el olor a humo de tabaco que en la habitación reinaba”. Existía, además, una escena anterior donde una señora las había besado en la boca y el padre se enfureció con miss Lucy, situación que le quita toda esperanza de amor por parte de él.         

Este caso grafica lo que es una histeria adquirida. De hecho, se observa un caso de menor complejidad que el anterior, donde la cadena traumática que produce el síntoma está más acotada. En este caso se hace explícito lo esencial de la histeria que tiene que ver con la naturaleza del trauma y la reacción que tiene la persona contra éste, cuya condición indispensable es que exista una incompatibilidad del YO con la representación que surge.

El mecanismo que crea la histeria constituye, por un lado un acto de vacilación moral y por otro, un dispositivo protector puesto al alcance del yo. El verdadero momento traumático es cuando llega la contradicción al yo y este decide el extrañamiento de la representación, que no es destruida, sino, impulsada a lo inconsciente. Luego se va constituyendo un núcleo de cristalización para la formación de un grupo psíquico del yo, alrededor del cual se reúne todo lo que tiene como premisa la aceptación de la representación incompatible.

La disociación de conciencia en la Histeria Adquirida es iniciada por un acto de voluntad, aunque sucede algo distinto a lo que intenta la persona: quisiera suprimir una representación como si nunca hubiera existido, pero solo consigue aislarla psíquicamente.

Continúa en “TRANSFERENCIA E HISTERIA. Casos Clínicos de Freud: Catalina”

TRANSFERENCIA E HISTERIA: IV.- “Casos clínicos en Freud: EMY DE N”

Viene de:  “TRANSFERENCIA E HISTERIA: IV.- Casos Clínicos en Freud”

En Emy de N. la frase “Estese quieto” va ligando un evento con otro: figuras de animales que adquieren movimiento y se arrojan sobre ella; hermano enfermo, con ataques, la abraza fuertemente; un conocido que sufre ataque de locura, la agarra de un brazo; su hija menor enferma la abraza al cuello con tanta fuerza que casi la ahoga. Freud llama a este mecanismo “Fórmula Protectora” y manifiesta que su función es resguardarla de la repetición de sucesos semejantes.

Aún cuando estos sucesos pertenecen a diversas épocas, la paciente los refiere en rápida sucesión y dentro de una frase, como si fuera un único acontecimiento en cuatro actos. Esto hace pensar que los motivos traumáticos se van organizando en la memoria, con un registro particular, que tiene su propia lógica.

En este caso es muy interesante la relación que establece con el médico: “lo haré porque Ud me lo manda”, “no vaya a decir que no hago lo que me dice”, incluso en un momento le echa  la culpa a Freud por la enfermedad de su hija y en lo inmediato esta creencia anula los efectos de su propio tratamiento, haciéndola caer en los mismos estados anteriores.

Este caso ayuda a Freud a establecer ciertos conceptos para entender el valor y significado de la palabra “histeria”: hay delirios y alucinaciones en medio de una función anímica normal;  transformaciones de la personalidad y la memoria durante el sonambulismo artificial. Freud se refiere también a la conformación de los síntomas histéricos y a la conversión. Manifiesta que Emmy de N muestra un bajo montante de conversión porque la excitación psíquica está más circunscrita a este sector que a lo somático. Esto lo lleva a pensar en las fobias y en las abulias y a establecer un diagnóstico diferencial respecto a éstas. También en este caso Freud muestra cómo se desarrolla la anorexia y las parálisis histéricas. Además, da ejemplos de ciertos mecanismos como la “objetivación de la representación contrastante”, la conversión de una excitación psíquica en fenómenos motores y los dispositivos protectores.

Continúa en TRANSFERENCIA E HISTERIA: Casos Clínicos en Freud: Miss Lucy”

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XIMENA ARRAU, Psicóloga
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