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TRANSFERENCIA E HISTERIA: IV.- “Casos Clínicos en Freud”

Viene de “TRANSFERENCIA E HISTERIA: III.- La Histeria en Freud. Estudios sobre la Histeria”

“Encuentro a la paciente, mujer de aspecto juvenil y rasgos fisonómicos muy finos y característicos, tendida en un diván, con un almohadón bajo la nuca. Su rostro presenta una expresión contraída y doliente. Tiene los ojos entornados, la mirada baja, fruncido el entrecejo e intensamente señalados los surcos nasolabiales. Habla trabajosamente y en voz muy baja. A veces tartamudea, presa de una afasia espasmódica. Sus dedos, entrelazados, muestran una constante agitación. Frecuentes contracciones, a manera de “tics”, recorren los músculos de su cara y cuello, algunos de los cuales, especialmente el esternocleidomastoideo, resaltan plásticamente. Con frecuencia se interrumpe al hablar para producir un singular sonido inarticulado.

Su conversación es perfectamente coherente y testimonio de una cultura e inteligencia nada comunes. De este modo resulta tanto más extraño ver que cada dos minutos se interrumpe de repente, contrae su rostro en una expresión de horror y repugnancia, extiende una mano hacia mí con los dedos abiertos y crispados y exclama, con voz cambiada y llena de espanto: “!Estese quieto! ¡No me hable! ¡No me toque! Se halla, probablemente, bajo la impresión de una terrorífica alucinación periódica y rechaza, con tales exclamaciones, la intervención de toda persona extraña. Este fenómeno cesa luego tan repentinamente como surgió y la enferma continúa la interrumpida conversación sin aludir para nada a aquel, ni tampoco excusar o aclarar su conducta, por lo cual es de sospechar que no se ha dado cuenta de la interrupción”  

Tomo el ejemplo de una paciente de Freud, Emmy de N. de 40 años, para graficar lo conversado anteriormente y para iniciar la exposición de los casos*. Estos son cuatro, expuestos formalmente: Emmy de N. (40 años), Miss Lucy (30 años), Catalina (17 años), Isabel de R. (24 años) y menciona otros que ayudan a complementar. De los complementarios, es rescatable el de Cecilia M, ya que fue el más difícil e instructivo para Freud y se basó en éste para escribir la “Comunicación Preliminar” junto a Breuer. Este caso aporta como ejemplo al concepto de “simbolización”, el cual hace suponer que podría haber sido una premisa para la Teoría sobre el Significante de Lacan. Aquí Freud le da la importancia al lenguaje como metáfora.

El análisis de los casos se estableció a partir de ciertos temas relevantes, que podrían ligarse a preguntas clásicas que se hacen en la atención de pacientes.

Primero: Los síntomas. ¿Por qué acuden a tratarse con Freud? En todos los casos existen síntomas físicos, para médicos. Como bien se sabe, Freud descubre que no tienen un fundamento orgánico, lo que se convierte en una premisa fundamental para diagnosticar Histeria. De hecho, plantea que toda neurosis está basada en un conflicto y que lo que distingue a la Histeria es la inervación somática.  En el caso de Isabel de R. hace una distinción entre el relato que tendría un paciente con sintomatología orgánica en relación a su dolor y un paciente histérico:

“Un enfermo que padece dolores orgánicos los describirá (…) con toda precisión y claridad, detallando si son o no lancinantes, con qué intervalos se presentan, a qué zona de su cuerpo afectan y cuáles son las influencias que los provocan. El neurasténico que describe sus dolores da la impresión de hallarse entregado a una difícil labor intelectual, superior a sus fuerzas. Su rostro se contrae como bajo el dominio de un afecto penoso; su voz se hace aguda, busca trabajosamente las expresiones y rechaza todos los calificativos que el médico le propone para sus dolores, aunque luego se demuestren rigurosamente exactos. Se ve claramente que, en su opinión, el lenguaje es demasiado pobre para dar expresión a sus sensaciones, las cuales son algo único, jamás experimentado por nadie, siendo imposible agotar su descripción. El neurasténico no se fatiga de añadir nuevos detalles y cuando se ve obligado a terminar su relato, lo hace con la impresión de que no ha logrado hacerse comprender por el médico”.

Como segundo factor de distinción, al estimular a un enfermo orgánico en una zona dolorosa, se produce una expresión de desagrado o dolor físico en la fisonomía del paciente, quien se contrae bruscamente, elude el contacto o se defiende contra él. En cambio, al oprimir o pellizcar las piernas de Isabel de R, se produce una expresión más bien de placer que de dolor, grita como experimentando un cosquilleo, se ruboriza, cierra los ojos y dobla su torso hacia atrás. Esta expresión no corresponde al dolor, sino más bien al contenido de pensamientos que se ocultan detrás de ese dolor (despertados por estimulo de las zonas del cuerpo).

Estas reacciones hacen pensar en las ideas clásicas que se tienen sobre la actuación, la exageración y el llamado de atención de la histeria. También aparece la sensación de disconformidad,  sentir que nadie la comprende y la devaluación del médico, actitud que a veces ha implicado que el paciente reaccione en forma contraria a lo esperado, por ejemplo al consumir medicamentos y reaccionar en forma opuesta.

Llama la atención, en general, la recurrencia de alucinaciones, delirios y  falta de conciencia respecto a éstos. Se ejemplificó con el caso de Emy de N. Miss Lucy presenta alucinaciones olfativas: (“me persigue ese olor”), siendo que había perdido el olfato y Catalina ve una “cara que mira con ojos terribles”  (aunque aquí no está claro si hay juicio de realidad: ¿la ve o la imagina?)

Como segundo tema se estableció el contexto donde aparecen los síntomas, ya que es éste un punto de partida para hacer múltiples asociaciones. Freud descubre que la aparición de síntomas no es necesariamente inmediata al trauma, sino que puede ser muy posterior a éste, que pueden existir estados de latencia, historias previas al suceso traumático, pequeños eventos similares que van acumulando energía. Esto depende de la tolerancia que tenga el aparato psíquico para soportar el montante energético y de la disposición de éste. Además, en la adolescencia pueden surgir impresiones de la época pre-sexual que adquieren poder traumático más tarde, cuyo efecto es el mismo: “lo que primero fue tapado por la ignorancia, emerge cuando la virginal adolescente se encuentra con el mundo de la sexualidad”.

Esta falta de inmediatez trauma-síntoma da cuenta de la complejidad del ser humano, que claramente encontró Freud en el análisis de sus pacientes. Surge la pregunta: ¿Hasta dónde hay que ir en un análisis? ¿Cuándo se llega realmente al trauma, cuándo se van los síntomas? Este era el criterio de Freud en estos momentos.

Como tercer tema a investigar surge la historia familiar, suponiendo que es fundamental en la constitución subjetiva. Curiosamente, en el estudio de estos casos Freud solo le da relevancia si ésta tiene alguna relación con los síntomas y contextos analizados. Esto es contradictorio con las teorías posteriores de Freud y de otros psicoanalistas, que dan gran importancia a la madre, padre, hermanos, ya sea como reales o como función. También cuestiona el punto anterior: ¿Hasta dónde se llega en un análisis?, pensando en las relaciones transferenciales: ¿Dónde se inicia todo esto?

El cuarto y quinto tema se relaciona con aportes específicos de cada caso, que contribuyen a enriquecer la teoría.

Continúa en TRANSFERENCIA E HISTERIA. Casos Clínicos en Freud: EMY DE N”

*Casos expuestos en “Estudios sobre la Histeria”. Freud, 1895*

CRUJE LA TIERRA

Reír y llorar a la vez

el cuerpo y la tierra descargan su energía contenida.

Miedo, sobrevivencia, racionalización frente a lo que tiembla, explicación y disimulo, hacer que nada sucede, que la ciudad  siga funcionando

No es posible. Siempre queda un lugar, un espacio donde se esconde el terror, el pánico por la fragilidad de la vida, lo etéreo. Un nuevo derrumbe y todo cae, se deshace

Nos quedamos en palabras quietas, estancadas, por no poder expresar el miedo y no entendemos que los demás no entiendan, que ya puedan pensar en otra cosa.

La pesadilla no desaparece, la oscuridad donde todo se mueve. Se mueve el piso, literalmente y la vida se va: la casa, las raíces, la historia, el origen. En un chispazo de segundo.

Diminutos, indefensos, impotentes al rugido de la tierra, a la omnipotencia, al grito que reta a la arrogancia, que recuerda al ser humano la ilusión de su dominio, que hasta el más poderoso se encuentra vulnerable al ruido de la incertidumbre y el temor.

TRANSFERENCIA E HISTERIA: III.- “La Histeria en Freud. Estudios sobre la Histeria”

“Lo que se convierte en DOLOR FISICO es algo que podría haber sido DOLOR PSIQUICO”

Viene de: “TRANSFERENCIA E HISTERIA. La Histeria en Freud. Segunda Parte

Los “Estudios sobre la Histeria”, escritos en 1895, se inician con la “Comunicación Preliminar”,  realizada por Breuer y Freud en 1893, cuyo texto llaman: “El Mecanismo Psíquico de los Fenómenos Histéricos”. Exponen algunos casos clínicos que, a juicio de Freud, no son los más representativos, ya que por motivos del “secreto profesional” no puede publicar casos más instructivos que conciernen a la importancia etiológica de las condiciones sexuales y matrimoniales. Estos casos demostrarían el papel cardinal de la sexualidad como fuente de traumas psíquicos, motivo de la “defensa” y de la represión de ideas fuera de la conciencia en la Histeria. Dice Freud: “Simplemente hemos tenido que excluir de esta publicación las observaciones más crudamente sexuales”.

En el primer capítulo se busca investigar la motivación de los diversos síntomas y formas de la Histeria: aquel proceso que hace surgir, por primera vez, el fenómeno tratado. Como generalmente existen dificultades, para despertar los recuerdos se hace necesaria la hipnosis.

En estas investigaciones comprueban el valor determinante del factor accidental, la conexión casual,  en la patología de la histeria: relación síntoma-trauma es similar a lo que se presenta en neurosis traumática. En general, esta causa se encuentra en sucesos de infancia. Ej: afecto doloroso durante la comida produce malestar y vómitos que perduran en el tiempo (vómitos histéricos). En otros casos esta conexión no es tan evidente, aún cuando existe una relación simbólica similar a la de los sueños. Por último, hay casos donde no existe una determinación evidente, por lo que no existiría analogía con la neurosis traumática.

En la neurosis traumática la causa no es la lesión corporal, sino el sobresalto, el trauma psíquico: miedo, angustia, vergüenza o dolor. La importancia traumática depende de la sensibilidad del sujeto. En la Histeria, existen varios traumas parciales que, por acumulación, exteriorizan un efecto traumático. La conexión de éstos constituye fragmentos de un mismo historial patológico. En otros casos existen circunstancias que coinciden con el suceso y adquieren categoría de traumas: “el trauma psíquico, o su recuerdo, actúa a modo de un cuerpo extraño, que continúa ejerciendo sobre el organismo una acción eficaz y presente, por mucho tiempo que haya transcurrido desde su penetración en él”. Como el elemento causal puede actuar después de varios años, a través de una cadena de elementos causales intermedios, se podría decir que el histérico padecería principalmente de reminiscencias.

Es relevante considerar la relación existente entre el recuerdo del proceso provocador y el afecto concomitante en los síntomas histéricos, ya que en el análisis es este último lo importante: el recuerdo desprovisto de afecto carece de eficacia. Es por eso que se alude al concepto de “status nascendi”, que significa que el proceso psíquico primitivo ha de ser repetido lo más vivamente posible.

En el segundo capítulo Freud se pregunta ¿Cómo estos recuerdos no sucumben al desgaste? Plantea que la debilitación o la pérdida de afecto de un recuerdo depende de diversos factores y el principal es que el sujeto reaccione enérgicamente al suceso estimulante. Esta reacción se refiere a reflejos, que pueden ser voluntarios o involuntarios, que descargan los afectos. Si la reacción es intensa desaparece parte de los afectos, si se reprimen queda el afecto ligado al recuerdo. El afecto puede ser descargado por reacción, sin embargo, también la palabra puede ayudar (ej, lamentación, confesión de un secreto). Otra forma de descarga es por funciones de asociación. El olvido es una debilitación de las impresiones que desgasta las representaciones carentes de eficacia afectiva.

Los recuerdos que causan los fenómenos histéricos se conservan por largo tiempo aún cuando la persona no disponga de éstos. Estos recuerdos corresponden a traumas que no han sido suficientemente “descargados por reacción”. Esto sucede por: 1) la naturaleza del trauma impide una reacción: por circunstancias sociales o porque se reprimen del pensamiento, se inhiben o suprimen (la persona quiere olvidar). 2) por estados psíquicos que han coincidido con los sucesos correspondientes (ej. representaciones sin importancia que se conservan por surgir en afectos paralizantes o en estados psíquicos anormales).   Ambas condiciones pueden coincidir.

“Podemos decir que las representaciones devenidas patógenas se conservan tan frescas y plenas de afecto porque les está negado el desgaste normal mediante la descarga por reacción o la reproducción de estados de asociación no cohibida”

En el capítulo 3, Freud se refiere a los estados anormales de conciencia como condición para que los traumas psíquicos produzcan síntomas histéricos. El recuerdo del trauma no aparece en la memoria del sujeto cuando se encuentra en un estado normal. Solo aparece al ser hipnotizado. “Double consciencie” y “estados hipnoides” (estados anormales de conciencia) son los fenómenos fundamentales de esta neurosis: base y condición de la histeria.

Los diversos estados hipnoides coinciden con la hipnosis en que emergen intensas representaciones, que se encuentran excluidas del comercio asociativo con el resto contenido de la conciencia. Cuando estos estados existen antes de que aparezca la enfermedad, constituyen el terreno en el que el afecto instala el recuerdo patógeno y sus fenómenos somáticos (Predisposición a la Histeria). Sin embargo, también puede existir un trauma o una represión que produzca una disociación de grupos de representaciones (Histeria Adquirida). Entre ambas existen variaciones según la facilidad de disociación del sujeto y la magnitud afectiva del trauma.

“¿La Histeria es una Psicosis?”. En la histeria se encuentran personas inteligentes, con fuerza de voluntad, carácter enérgico y sutil juicio crítico, características que se encuentran en el pensamiento despierto del individuo, el cual se enajena en los estados hipnoides (similar al fenómeno onírico). La diferencia con los sueños es que los productos de estos estados se extienden a la vida despierta como fenómenos histéricos.

En el cuarto capítulo, Freud distingue los ataques histéricos de los síntomas histéricos duraderos. Remite a Charcot para hablar del “gran” ataque, que mostraría cuatro fases. El ataque puede variar faltando alguna fase, su aparición aislada o su mayor o menor duración.

Los ataques siguen el mismo mecanismo que los síntomas duraderos. Sin embargo éstos corresponden a una extensión del segundo estado de conciencia a la inervación somática, regida en otro momento por la conciencia normal. El ataque da testimonio de una organización superior del segundo estado de conciencia, donde éste se apodera de toda la existencia (Histeria Aguda). Si el ataque es repetido y contiene un recuerdo, se trata del retorno de tal momento. El ataque y la vida normal caminan en paralelo, sin influirse entre sí. El ataque surge espontáneamente como suelen surgir los recuerdos en un sujeto normal. Entonces, existiría una analogía sueños-estados hipnoides; recuerdos-ataques histéricos.

Continúa en “TRANSFERENCIA E HISTERIA: IV.- Casos Clínicos en Freud

*En el prólogo a la 2ª edición de 1908 Freud dice: “…a quien se interese por la evolución que condujo de la catarsis al psicoanálisis, no podría darle mejor consejo que el de comenzar con los Estudios sobre la Histeria, recorriendo así el mismo camino que yo hube de seguir”*

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XIMENA ARRAU, Psicóloga
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