DISYUNTIVAS A LA DISYUNTIVA
PARTE I.- “Las Ansias de Poder y sus Derivados”
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Introducción
He leído atentamente el texto; la Disyuntiva, escrito por un grupo de personas vinculadas a la Concertación. Me parece que es una iniciativa de instalar una nueva forma de hacer democracia y construir aquello que llaman Proyecto País. A partir del texto publicado en un medio masivo como Internet, los ciudadanos tenemos la oportunidad de opinar acerca de temas concretos y, además, proponer ideas que ayuden a movilizar las energías, el pensamiento y la acción hacia una sociedad mejor.
Llama la atención que los comentarios realizados en el Blog, en relación al documento, se refieren más al hecho mismo de haberlo escrito que al contenido de éste. Se percibe gran escepticismo y desconfianza, lo que refleja el estado anímico de los ciudadanos chilenos de hoy, frente a la manera como está siendo conducida la política: la mayoría de las personas no tiene seguridad de que realmente se quiera reflexionar sobre temas de fondo o solo exista un afán de poder político.
Las Consecuencias del Libre mercado
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A partir de la implementación del nuevo sistema de transporte en la capital Transantiago, el texto “La Disyuntiva” analiza la forma como funciona el sistema general actual. Hace referencia, una vez más, a la limitante fundamental que tienen los proyectos para ponerlos en marcha: el financiamiento. En este caso, el proyecto del Transantiago se enfrenta a la complejidad que se produce cuando la empresa privada se hace cargo de temas que pertenecen al espacio público.
El tema de la administración pública y privada es antiguo. Ha dirigido decisiones, posturas y políticas de los últimos tiempos e incluso se han propuesto diversas combinaciones al respecto. Es importante revisar las consecuencias prácticas que tiene la política chilena actual de privatizarlo todo, ya que nuestro país se ha puesto más papista que el Papa. Ni siquiera en EEUU, país de origen del capitalismo y libre mercado, existe el grado de privatizaciones que se da en Chile.
Un ejemplo respecto al tema de las privatizaciones es lo que sucede en la universidad. Actualmente ha surgido una cantidad excesiva de universidades privadas. Estas instituciones se instalan como una empresa y, como tal, venden un producto cuyo costo no sea tan caro. Surgen carreras de pizarrón, como psicología, periodismo, ingeniería, que necesitan de poca infraestructura para ser impartidas y que se ofrecen al público sin realizar un estudio previo a nivel nacional, que investigue la cantidad de profesionales que se requieren. Esta situación incide en los índices de cesantía y produce, a largo plazo, una devaluación de la profesión.
Además de lo anterior, la empresa necesita recursos para mantenerse, debido a lo cual tiene que contar con una cantidad de alumnos base. Esta situación produce un tema delicado, relacionado con la aprobación de alumnos, ya que no es posible reprobar más de una cantidad determinada. Esta situación influye radicalmente en la calidad de la educación académica: el alumno se transforma en CLIENTE. Esta dinámica tiene consecuencias en la relación profesor-alumno y en el lugar social que éste ocupa, ya que, actualmente, no es la persona quien tiene que hacer mérito para transformarse en estudiante y posterior profesional, sino que las empresas-universidades ofrecen y seducen a estos jóvenes, incluso a través de regalos, para que participen en la institución (y para financiarla).
Este es un ejemplo de las consecuencias que produce un sistema regido por las leyes de libre mercado. En este marco no existe planificación ni prevención a largo plazo, donde se definan las necesidades reales del país y los efectos de realizar un proyecto. Como se explicita en el texto, lo propio del neoliberalismo es la primacía de una racionalidad tecnocrática que desconfía de lo público, que cree en las soluciones únicas cuyos grandes protagonistas son el mercado y los actores privados. En este enfoque, la satisfacción de las necesidades de las personas es un resultado ex-post y no el punto de partida de las políticas públicas.
Es posible que sea correcto aplicar el sistema neoliberal para desarrollar áreas relacionadas con aspectos que no incluyan las necesidades básicas de las personas (¿y qué es lo básico?). Quizás sería adecuado que los privados intervengan en esos ámbitos, de manera que el Estado pueda concentrarse únicamente en lo temas considerados básicos como la educación, la salud, la muerte (cementerios) y, obviamente, el sistema de trasporte. Cuando estos temas están intervenidos por una ganancia económica, se corre el riesgo de perder los objetivos principales, la tarea primaria, para los que fueron concebidos. Al encontrarse el sistema de transporte en manos de privados, con fines de lucro, se producen mayores dificultades para lograr un sistema coherente y que cumpla con los objetivos, ya que existen demasiados intereses personales puestos en juego y que no necesariamente están vinculados con garantizar el beneficio común. Dice el texto: prioriza el negocio, la caja fiscal y la rentabilidad de los privados, por sobre las necesidades de los usuarios y la progresividad del cambio.
Las Necesidades de Poder Político
Otro tema que se explicita en el texto es que el momento en que se implementa el plan de transporte, es en una fecha en que no estaban dadas las condiciones mínimas para que funcionara. Este arrebato se atribuye a razones financieras, sin embargo, si se hacen otros cálculos, es posible suponer la conveniencia de instalar este proyecto al principio del gobierno de Bachelet, ya que existen tres años para reivindicarse. No al final, cerca de las próximas elecciones presidenciales.
Este tipo de arrebatos da cuenta de la manera cómo funciona la política hoy en día. Así como se critica el poder económico que tienen algunas personas, o grupos, que dirigen el sistema de libre mercado, habría que preguntarse qué es lo que buscan los que tiene el poder político. ![]()
Cuando existía la lucha contra la dictadura, se suponía que las personas que hoy están en la Concertación compartían valores como la honestidad, la lealtad, la humildad, valores que trascendían al propio ego, que buscaban un bien común, que confiaban en que se podía construir un mundo mejor. Era gente vinculada al mundo llamado humanista, que creían en el ser humano y que estaban dispuestas a aportar para que todos los ciudadanos pudieran desarrollarse y tener acceso a los temas básicos antes mencionados. La justificación actual que entregan es que el sistema de libre mercado los trasciende y, de alguna manera, les amarra las manos, así como lo hacen los medios de comunicación, Internet y toda la tecnología actual: Google es quien dirige al mundo. Aún cuando esto sea cierto, no se percibe en nuestros políticos una actitud de humildad, sino que se observa una lucha por mantener el poder a toda costa, por querer aparecer en los libros de historia, por ganarle al enemigo. En este sentido el objetivo de la política, la tarea primaria, también se perdió. Surge entonces algunas preguntas existenciales: ¿Qué hay en el ser humano, que sucede, cuando llega al poder? ¿Qué podría hacer el ser humano para combatir su propio ego?
El Transantiago no queda exento a esta situación. Primero, porque se priorizó el hecho histórico de instalarlo al principio del gobierno de Bachelet, sin importar la realidad en que se encontraba y las consecuencias que podría tener para los ciudadanos (incluso en el gobierno del presidente Lagos hubo algunos buses de mala calidad en la calle, lo que tuvo un costo económico importante), Segundo, porque nunca existió una colaboración por parte de los políticos que conforman la Alianza en la gestión de este proyecto: no solo porque la Alianza se dedica a criticar en forma poco constructiva la mayoría de los proyectos de la Concertación, sino, porque tampoco la Concertación es capaz de abrir los espacios de participación para que esto suceda. Si así lo hiciera perdería votos y, por supuesto, poder.
En uno de los momentos más críticos del Transantiago (cuando cambian al Ministro Espejo) y de mayor crítica por parte de los políticos de la oposición (que solo muestran el aspecto negativo), podría haber existido una actitud evolucionaria, en la cual se hubiera invitado a participar a la Alianza a sacar adelante el proyecto. ¿Cómo habría funcionado? La Alianza se habría enfrentado, en concreto, a solucionar aquello que siempre está tan mal hecho. La Concertación habría agachado el moño, habría inaugurado un gesto de humildad.
¿Sería éste un gesto de trascendencia, de abandonar los propios egos y trabajar en un proyecto común para la gente?. Quizás las promesas de la demagogia por primera vez se habrían hecho realidad.
Restricciones a un Gobierno de Protección Social
El documento La Disyuntiva manifiesta que la crisis provocada por el Transantiago se agudiza en un gobierno que se declara de protección social y que, además, cuenta con excedente en el presupuesto económico del país.
El actual gobierno, presidido por una mujer, se inicia con grandes expectativas de cambio y renovación. Sin embargo, actualmente la gente se encuentra escéptica frente a estas promesas. Si bien en un principio todo estaba lleno de buenas intenciones, en la actualidad la administración del gobierno está más preocupada de evitar conflictos que de impulsar grandes transformaciones. Según el documento, esta es LA DISYUNTIVA que enfrenta el gobierno de Bachelet: mejorar su gestión corriente reduciendo al máximo los riesgos involucrados en todo proceso de transformación O producir un golpe de timón en las formas de conducción política y las orientaciones de su política económica, de modo de darle consistencia a su compromiso con la lucha contra las desigualdades y a favor de la protección social.
Es cierto que es ésta una de las disyuntivas: seguir pisando huevos para no ofender a nadie O ponerse los pantalones (en este caso las faldas) y tomar decisiones coherentes con el proyecto inicial. Sin embargo, es importante considerar que en el contexto actual, tanto nacional como mundial, existen diferentes fuerzas puestas en juego, que se oponen enérgicamente cuando ven sus intereses comprometidos. Anteriormente se mencionaron tres: los poderes económicos, los poderes políticos y los poderes tecnológicos. Solamente con estas tres fuerzas es suficiente para que un proyecto o idea quede paralizado, especialmente si no persiguen objetivos comunes.
Imaginemos que el Transantiago fuera gratis para los usuarios. Esta decisión no sería tan loca, ya que permitiría aliviar algunos problemas sociales y de contaminación. Las familias de escasos recursos contarÌan con ese dinero para ser utilizado en otros gastos familiares y, quizás, algunas personas que utilizan el automóvil lo dejarían en casa. Esta idea habría que financiarla, por ejemplo, a partir del alza de impuestos, especialmente del alcohol y del tabaco. ¿Cómo reaccionarían las compañías de alcoholes y las tabacaleras si, además de instalarles restricciones en las botillerías y restaurantes, tuviesen que hacerse cargo de este problema social?
Esta es una forma simplista de resolver algo complejo, ya que si bastara con esto, el gobierno no estaría solicitando los 290 millones de dólares que se necesitan para resolver el problema del Transantiago. Lo importante a señalar son las fuerzas puestas en juego en un sistema, cuando están más preocupadas de su propio beneficio que de un bien común.
Este documento propone que las dos cuestiones fundamentales para llevar de buena forma este proyecto son: 1) la coherencia entre las prioridades de la agenda pública y la política económica, 2) los modos de decisión y gestión política. Sin embargo, hasta la fecha solo se ha privilegiado un enfoque conservador, de acumulación de recursos, que ha postergado las prioridades y las gestiones prometidas.
Delegación de Poderes
Uno de los aspectos más criticados del gobierno de Bachelet es la insuficiencia en la conducción política. Además de los temas coyunturales, esta dificultad se relaciona con las formas generales del régimen político y con las distorsiones que se producen en su funcionamiento.
En el régimen político actual, la Presidenta desempeña tres funciones: la representación del Estado, la contingencia del Gobierno y el liderazgo de la Concertación. Este esquema, basado en el poder individual, tuvo algún sentido en épocas anteriores. Actualmente es muy difícil de sostener, ya que las sociedades, e incluso las grandes empresas, son cada vez m·s complejas y requieren de estructuras de dirección más impersonales y horizontales. Los gobiernos anteriores de la Concertación arreglaron esta situación delegando algunas funciones a sus equipos económicos y políticos. ¿Podrá la Presidenta Bachelet hacer este gesto?
Una alternativa para aliviar la carga de la presidenta sería nombrar a un(a) Presidente/a de la Concertación, de manera de independizarla del poder del Estado y del Gobierno, haciendo más transparente la relación y permitiendo mayor objetividad de éstos que, al fin y al cabo, son los que representan a todos los chilenos más allá de los intereses de la Concertación.
Otro aspecto a considerar es la lógica utilizada por el modelo neoliberal de la Concertación. Todas las definiciones sustantivas e iniciativas del Gobierno están intervenidas por el Ministerio de Hacienda (Presupuesto), quien se ha transformado en un poder dentro del poder. Esta sobredimensión del papel de Hacienda grafica la influencia del mundo empresarial, que se caracteriza por supeditar la agenda y los proyectos a la política económica. La prioridad en el aspecto económico produce discordancia entre la utilidad privada v/s la rentabilidad social y en la posibilidad de generar inversiones a largo plazo que produzcan integración y cohesión social. En este sentido, en el Gobierno faltaría coherencia entre la política económica y las prioridades de la agenda gubernamental.
Encontrando Puntos Estructurales de Intervención
Es importante considerar que la mayoría de las personas que integran los grupos políticos y económicos en Chile provienen de clases sociales con recursos, donde tuvieron posibilidades integrales de desarrollo. Esto significa que existe un potencial humano que no se puede perder, personas que tienen una deuda con el país, que debiera traducirse en una responsabilidad social con los menos privilegiados. Este es el gran desafío de los grupos políticos de hoy: en lugar de ocupar el tiempo en competencias de ego, podrían utilizar sus recursos en encontrar formas creativas y novedosas de generar cambios trascendentales en nuestro país.
Las sociedades y las culturas se forman a partir de la necesidad que tienen los grupos de reunirse y mantenerse. Para que resulte, todos sus integrantes deben tener una función que contribuya a este proceso, de manera de colaborar con algo que va más allá del individuo, más allá de sí mismo, algo que lo trascienda.
Actualmente se ha llegado tan al extremo del individualismo que no siempre nos planteamos este concepto. Por ejemplo, si se instala una empresa, no se piensa en el beneficio común, social, que ésta podría tener. Solo se considera lo bueno que podría ser para quien la instala y, a lo más, para su familia. Este concepto individualista significa que todo se hace para sí mismo, lo que alimenta el egocentrismo y el narcisismo. No se toma en cuenta el sistema completo ni se tiene la conciencia de que la sociedad, y el YO incluido, no funcionaría si los demás no existieran.
En Psicología, cuando se atiende un paciente, existe la posibilidad de realizar intervenciones en puntos esenciales de la persona, que producen cambios estructurales en la psiquis: una palabra clave puede movilizar muchos espacios subjetivos. Así mismo, debieran existir profesionales con visión que ubiquen lugares, puntos a intervenir, para producir cambios exponenciales y estructurales en toda la sociedad.
Es importante reflexionar sobre el origen, los fundamentos de lo político y de cada función en nuestra sociedad, su tarea primaria. Entender el motivo por el cual corremos ansiosos por sostener un sistema que, muchas veces, no tiene sentido.
Es necesario conversar con nuestro ego, al menos una vez al día, para no perder el horizonte y “engolosinarnos” con el poder y sus derivados.