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PARA PSICOANALISTAS: “Des-Borde”. Parte I

Melman empieza este capítulo preguntándose por el concepto de “lo sexual”. Citando a Freud, en referencia a su libro “Conferencias de Introducción al Psicoanálisis”, plantea que lo sexual va más allá de lo genital y su procreación, y que concierne al “goce del cuerpo”. Sin embargo, ambos plantean que el deseo de saber, de morir y la escoptofilia, serian desplazamientos de la sexualidad, no  corporales. Entonces, se podría concluir que lo sexual va más allá del cuerpo. Da como ejemplo el de Anna O para mostrar que toda actividad está ligada a un desencuentro sexual, a una promesa no cumplida.

Posteriormente, manifiesta que el cuerpo es un concepto, un “begriff”, constituido en su captura por la organización subjetiva, está concernido por ésta (estadio del espejo).

Dice “es el cuerpo del Otro”, por lo que gozar del cuerpo es gozar del Otro. Esta afirmación puede entenderse en sentido objetivo y subjetivo. Objetivo, ya que intenta asir al Otro como cuerpo, reunirlo, agarrarlo, aún cuando éste es ilimitado. Subjetivo, en tanto se busca gozar del Otro, del goce atribuido al Otro. Por ejemplo, en el narcisismo se goza de la mirada que se le supone al Otro: “alegrarse del espectáculo magnífico y asombroso que le ofrezco”.

En este sentido, el concepto de “sexual” estaría desbordado, ya que el Otro no tiene límites. Además, este concepto, aún cuando conoce el instrumento de goce sexual, no sabe cuál es su objeto: solo lo conoce a través de la falta.

Luego, Melman manifiesta que el desborde vale para todos los conceptos y, desde ahí, plantea que el significado desborda al significante.

Para entender esto se puede hacer el siguiente esquema:

Significado ——————Significante

Sexual——————Cuerpo

Verdad—————–Saber

Melman, irónicamente, habla de aquel ejemplo tan utilizado, del concepto “mesa”. Por más maneras que tengamos de explicar la “mesa”, nunca se logrará aprehender el objeto en su totalidad, siempre faltará algo para hacerlo. Aún así, el objeto “mesa” funciona dentro de una economía psíquica regulada por el sexual que desborda, de esta manera toma su lugar y, a la vez, dice más de lo debido. Lo que todo concepto tiene como significado es lo que escapa a su captura, lo que lo desborda y que, entonces, falta. Falta que sostiene, al sexo, al deseo sexual.

Desde aquí manifiesta que el significante es simbólico de la falta.

Siguiendo con el esquema, se puede concluir que si el significante no logra capturar completamente al significado, entonces el cuerpo nunca captura completamente a lo sexual y, así mismo, entre el cuerpo y lo sexual también se instala una falta. Cuando existe la captura por organización subjetiva que implica al cuerpo (Estadio de Espejo), éste pierde algo de lo sexual, algo que escapa a la captura y que se encuentra fuera-del-cuerpo. Esto se relaciona con el goce.

El goce fuera-del-cuerpo se distingue de lo que es el goce DEL cuerpo, ya que el sexo puede tomar un objeto del cuerpo, del órgano. Habría un goce auto erótico de los orificios del cuerpo o bien, del instrumento. Es un goce de órgano, DEL órgano: de los orificios sensibilizados por su relación real o imaginaria con el órgano. Este goce está relacionado con la sexualidad infantil, ya que ésta podría dejar una marca fuerte como para que la nostalgia sustituya su prohibición. Nostalgia de aquel tiempo feliz en el que un goce sexual pudo organizarse.

Continúa en: “DES-BORDE” Parte 2

 

TRANSFERENCIA E HISTERIA. IV.-”Relaciones Transferenciales: Doble Conciencia”

Viene de: TRANSFERENCIA E HISTERIA IV.- Relaciones Transferenciales: ¿Qué hay del Cuerpo?”

Un aspecto relevante que se descubre al estudiar la Histeria es el mecanismo de “doble conciencia”, ya que a partir de este concepto se puede entender parte del funcionamiento del aparato psíquico en general.  

Es recurrente en los pacientes, teniendo o no una estructura histérica como la descrita, la sorpresa que produce encontrarse con contenidos psíquicos que desconocen y que van ayudando a rearmar su historia. Por ejemplo, pacientes que tiene dificultad para establecer relaciones de pareja y siempre repiten las mismas situaciones. En las sesiones hablan de sus familias  y se dan cuenta que, en algún punto, existe una secuencia similar a la que están viviendo. Se impactan con este descubrimiento y, a veces, les produce desagrado y enojo: no lo pueden creer.

Esta situación produce extrañeza. Si bien la persona tiene la imagen de sí misma y de su familia como de alguien que logra establecer vínculos sólidos, se sorprende al darse cuenta que, al mismo tiempo, existe otro espacio de relaciones frágiles, que se rompen fácilmente y que es lo que constantemente se repite.

¿Qué hay del paciente en esto? ¿Qué está repitiendo? 

Esta sorpresa es la que permite suponer que hay un espacio desconocido, incluso por el propio sujeto, que está determinando muchas de las relaciones, acontecimientos y vivencias que él va teniendo en su vida.

Cuando Freud estudia la Histeria, descubre que este espacio se ha ido conformando a partir de un mecanismo psíquico llamado represión, que produce que todas las vivencias que no son compatibles con el YO del sujeto queden en el olvido. Sin embargo, Freud se da cuenta que la carga afectiva de estas vivencias, queda circulando en el espacio psíquico de la persona y la determina en la actualidad.

El proceso de análisis permite ir ligando estos montos de afectos con las representaciones que lo produjeron. De esta manera, se va recordando, construyendo y haciendo Consciente lo Inconsciente.

“El psicoanálisis es como armar un puzzle. El paciente trae las piezas y juntos, paciente y analista, van descubriendo las figuras que construyen la historia” 

*Este artículo fue escrito a partir de un caso en particular, que se generalizó. Con el fin de respetar el secreto profesional, no es posible exponer los detalles del caso, que enriquecerían el texto y ayudarían a aclarar la teoría*

Continuará…     

 

CRIAR ES CREAR: “Exceso de Madre”

Sigmud Freud, creador del psicoanálisis, en el capítulo 2 de su artículo “Más allá del Principio de Placer”, hace referencia a un niño de un año y medio, que juega con un carrete para enrollar hilo. Cuando éste se aleja dice “oooooo”, lo que interpreta con la palabra “fort”, que en alemán significa “fuera”, y cuando se acerca: “aaaaa”, “da”, que significa “acá está”.

“El niño tenía un carretel de madera atado con un piolín. (…) con gran destreza arrojaba el carretel, al que sostenía por el piolín, tras la baranda de su cunita con mosquitero; el carretel desaparecía ahí dentro, el niño pronunciaba su significativo «o-o-o-o» (fuera), y después, tirando del piolín, volvía a sacar el carretel de la cuna, saludando ahora su aparición con un amistoso «Da» (acá está). Ese era, pues, el juego completo, el de desaparecer y volver”.

Esta observación de Freud, ha llevado a diversas interpretaciones vinculadas a la relación que el niño establece con su madre y a la manera en que va construyendo su autonomía e independencia.

 Freud interpreta este juego como un mecanismo que produce un cambio desde un lugar pasivo a uno activo: “en la vivencia era pasivo, era afectado por ella; ahora se ponía en un papel activo repitiéndola como juego, a pesar de que fue displacentera“. Jacques Lacan, psicoanalista, lo entiende como un proceso que permite incorporar la función simbólica. 

Cuando el niño transita desde un lugar pasivo a uno activo, siente que su accionar tiene efectos. Al darle palabras a este proceso, va significando la imagen de su madre y al simbolizarla, la incorpora en su mundo interno, lo que le ayuda a ir separándose cada vez más de su madre real.

Para que esto suceda, es necesario el espacio de ausencia.

La madre viene y va, viene y va. Este ir y venir, va construyendo un personaje interno que ayudará a sostener al niño y lo acompañará el resto de la vida. Además, esta ausencia permite ir integrando otros seres simbólicos importantes, que se convertirán en referentes y que ayudarán a constituir este mundo interno: padre, hermanos, abuelos, tíos.

A veces existen dificultades para instalar este proceso. Hay personas que han vivido excesivas ausencias, con sentimientos de abandono, que se reproducen en relaciones afectivas posteriores. También hay presencias excesivas, que producen inseguridad, dependencia e incluso ahogos, lo que impide salir al mundo y establecer nuevas relaciones. 

Muchas de las patologías de niños y adultos, se producen por un “exceso de madre”. Madres ansiosas, que quieren darlo todo, que no se despegan de sus hijos, que duermen con ellos, que no les permiten caerse, que se asustan, que se angustian al dejarlo por un rato. Hay madres que sienten que el niño es de su propiedad: “quería tener algo mío”. Otras re-editan vivencias infantiles de abandono y se ubican en el lugar opuesto. Hay madres desconfiadas del mundo externo, que no se relacionan y no permiten a sus hijos hacerlo. Estas actitudes y sentimientos se van transmitiendo al hijo y van produciendo ansiedades y angustias, que también le impiden separarse.   

Al tener conciencia de lo que produce este mecanismo de presencia y ausencia, se puede criar con mayor tranquilidad: hablarle al bebé desde pequeño, rodearlo de palabras que entreguen seguridad. Al irse, decirle ”la mamá va y vuelve, va y vuelve”. Permitirle caerse y levantarse solo, que pueda investigar el espacio, crear y respetar sus lugares propios: la cama, los juguetes, el jardín infantil, las relaciones con otros.

El juego del carretel y otros juegos como el “¿dónde está? – aquí está” (que es muy habitual en los niños) son oportunidades que ayudan a  disminuir la ansiedad y a incorporar la ausencia como parte de la vida: con la repetición del juego, el niño va teniendo la tranquilidad de que lo que se va, regresa y lo que desaparece vuelve a aparecer. Para lograr esto, es imprescindible que la madre contribuya. Sólo con su claridad y seguridad podrá hacer de la ausencia un respiro, un espacio que permita el crecimiento.

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XIMENA ARRAU, Psicóloga
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