EN EL PSICÓLOGO: “¿Al Psicólogo?…¿YOO?…Si no estoy Loco!!!
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Hay personas que, al tener un problema psicológico, consultan al médico para conseguir un medicamento que alivie el síntoma y permita seguir funcionando. A veces, el médico deriva a estos pacientes al psicólogo o al psiquiatra, suponiendo que la solución va por otro camino. Esto provoca miedos y dudas, ya que existe mucha gente que relaciona el tema de la salud mental con la locura.
Si bien es cierto que el trabajo de estos profesionales se vincula, de alguna manera, con la locura, también es cierto que todas las personas tienen dificultades. Todos los seres humanos son complejos. Todos realizan esfuerzos para estar en el mundo y cada uno lo hace a su manera.
A lo largo de la evolución, el niño se aferra a distintos factores que constituyen su personalidad. Este recorrido, que a veces implica crecimiento, otras veces presenta dificultades que lo marcan e interfieren en el desarrollo, las relaciones y la calidad de vida.
La mayoría de las veces es posible sobrevivir con estas características. Sin embargo, existen momentos en que los aspectos que en alguna ocasión ayudaron, ya no sirven. En ese momento el sistema hace crisis y se constituye el sÌntoma.
El síntoma es un aviso de que algo no funciona. Este puede ser “tapado” por un medicamento, por una vida agitada, por la inercia, por el consumo. Taparlo sirve para continuar funcionando. El problema es que en algún momento pasa la cuenta, afectando al cuerpo, a la familia, al trabajo, al propio desarrollo.
Muchas veces la persona asiste a la consulta cuando el síntoma la desborda y ya no maneja su vida. En ese momento es necesario detenerse y reflexionar. Darse el tiempo para entender lo que sucede, cómo llegó a esa situación y qué hay de la propia persona en esto. Si no realiza un trabajo consigo misma, continuará viviendo de la misma forma, hasta que el síntoma vuelva a desbordarla. Ahí, nuevamente, se sentirá sobrepasada por el destino, las circunstancias, y volverá a sentir que no controla su vida.
Realizar esta reflexión no es fácil porque significa enfrentar aspectos dolorosos de la propia historia. Se corre el riesgo de encontrar sufrimientos y necesidades de cambiar estilos de vida que, aún siendo negativos, es lo más conocido y seguro que se tiene.
En este sentido, realizar un trabajo personal es un acto de valentía y cordura. Revisar la propia historia es lo más “cuerdo” que hay. Reflexionar acerca del síntoma y sus derivados es lo más “cuerdo” que hay. No se puede estar “loco” para hacerlo.
El psicólogo ayuda a quienes buscan que la vida no les pase por el lado, no se escape. A quienes asumen responsabilidad en lo que les sucede y se hacen cargo de su presente, su pasado y su futuro. A adultos que llevan un niño adentro y quieren conocerlo. Es lo más “cuerdo” que hay.