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PENSANDO EN NUESTRA CULTURA: “Tecnología, Una Golosina de Poder. ¿Estamos preparados?”

No es sólo el terremoto y el tsunami, amenazas de la naturaleza, lo que removió a Japón. Es también una creación hecha por el ser humano, lo que tuvo en estado de alerta a este país y a todo el mundo.

Los efectos de la radioactividad son peligros que recién a partir de estos lamentables sucesos, comienzan a adquirir un lugar en la agenda de nuestro país. Los hechos conmueven, inquietan y movilizan, llevándonos a pensar y actuar sobre la factibilidad de seguir utilizando esta energía.

Es así como un problema de eficiencia se  transformó en un tema ético.

Esta catástrofe lleva, también, a reflexionar en la relación que se establece entre los seres humanos y la tecnología. No es lo mismo pensar en la energía nuclear, en un aparato eléctrico, en una máquina, que pensar en un ser humano utilizando y manejando estos objetos.  La tecnología no es negativa en sí misma, sino que es el uso que se le puede dar a ésta lo que está en juego.  

Los avances tecnológicos han sido sorprendentes en los últimos años. Han producido fuertes impactos en las personas, en su forma de pensar, en las relaciones interpersonales, en el entorno. Por este motivo, resulta importante investigar cómo los seres humanos se van relacionando con estos nuevos objetos y los van incorporando a su vida cotidiana: cómo los obtienen, cómo los utilizan, qué valor y significado les atribuyen, cómo cambian sus hábitos y rutinas, dónde los botan.  

La televisión, por ejemplo, es un medio poderoso: llega a la intimidad de cada hogar, acompaña a mucha gente, determina sus vidas. Aún así, considerando todo el poder que tiene, no se la ha podido transformar en un espacio que contribuya a la educación activa, al desarrollo y creatividad de los ciudadanos.

El Transantiago fue un proyecto de modernización, en el cual se incorporaron buses de última tecnología y se estableció un salario fijo a los choferes para que no compitieran por llevar pasajeros. Después de algunos años, se observan máquinas deterioradas y conductores que continúan manejando a exceso de velocidad, exponiendo la vida de los usuarios. Este ejemplo demuestra que la tecnología no será efectiva si no es acompañada de un aprendizaje y un cambio en las costumbres y mentalidad de los ciudadanos.  

De igual manera, será difícil resolver el problema energético construyendo cada vez más centrales (nucleares, hidro, termo, eólicas y otras) si no se desarrolla una cultura de ahorro de energía, a nivel personal, familiar, empresarial y gubernamental. La construcción de generadoras sólo servirá para seguir promoviendo el Circuito del “MAS”  .

El desarrollo de la tecnología ha permitido un mayor conocimiento del mundo y, por lo tanto, una posibilidad de control en diversas áreas. El peligro es que, junto a este manejo, se va desarrollando una sensación de omnipotencia, que muchas veces enceguece a las personas y las hace creerse Dios. Esto se observa en actitudes de la vida cotidiana (como la que se tiene al manejar un auto último modelo, tener un celular, jugar videojuegos), así como en las formas de conducir los países, las empresas y el medio ambiente. 

Esta sensación se grafica muy bien en algunos juegos de antaño como el “Ataque” o el “Metrópolis”, en los cuales quien obtiene más países o más propiedades, va teniendo la sensación de que el mundo está en sus manos. Quien no está en este lugar siente impotencia y temor a ser destruido por las manos de otros. Juegos actuales como los “Sims” en internet, son un claro reflejo de lo anterior, donde el usuario actúa como un “Dios” de su comunidad: él la crea a su gusto, maneja las relaciones de sus habitantes, es el responsable del crecimiento o de las calamidades que puedan suceder.

La energía nuclear ayuda a resolver parte de los problemas energéticos, pero sus efectos negativos y el mal uso que se haga de ésta, podrían destruir un país, un continente, un planeta.  En caso de que se desatara una guerra, por ejemplo, la persona a cargo podría utilizarla para vencer al enemigo. Frente a esta acción siempre existirá alguna excusa, alguna justificación, sin necesariamente considerar el costo que haya tenido para el destino de los sobrevivientes.

Entonces, no es solo la tecnología lo que está en discusión, es el uso que se le puede llegar a dar lo que nos pone en peligro. Engolosinarse con el poder es algo que aún no ha sido superado por la humanidad.   

¿Tenemos los seres humanos la madurez suficiente para jugar a este juego?

 

 

 

 

 

CRIAR ES CREAR: MALTRATO INFANTIL. Parte 2: ¿Porqué se le Pega a un Niño?

Viene de:   CRIAR ES CREAR: “Mal-trato Infantil. Parte 1: El Poder de los Padres”

“La verdad oculta tras de todo esto (…) es la de que el hombre no es una criatura tierna y necesitada de amor, que sólo osaría defenderse si se le atacara, sino, por el contrario, un ser entre cuyas disposiciones instintivas también debe incluirse una buena porción de agresividad”. (…) “La cultura se ve obligada a realizar múltiples esfuerzos para poner barreras a las tendencias agresivas del hombre, para dominar sus manifestaciones mediante formaciones reactivas psíquicas”. SIGMUND FREUD. “El Malestar en la Cultura”

 Sigmund Freud, fundador del Psicoanálisis, manifiesta en su escrito “El Malestar en la Cultura” que la agresividad es un factor constituyente en todo ser humano y que la cultura tendría la función de limitarla.  Esta afirmación se puede constatar en distintos hechos cotidianos que atraviesan la historia de la humanidad. Un ejemplo recurrente es el maltrato infantil.

Si la cultura es la encargada de regular la agresividad de los seres humanos. ¿Qué pasa cuando es la misma cultura la que valida e incluso promueve el maltrato infantil?

“La letra con sangre entra” era una frase que se decía en la escuela, cuyo supuesto básico es que la mejor forma de aprender sería a golpes. De esta misma manera, la iglesia, la familia y los medios de comunicación van transmitiendo, de generación en generación, valores, conductas, costumbres y estereotipos, ligados a la agresividad.

Si se considera que muchos padres y abuelos de los niños de hoy, han sido educados de esta forma, es difícil que pueda existir un cambio radical entre una generación y otra. En algunos casos, estas actitudes son justificadas por quienes las sufren, lo que se refleja a través de frases como: “me lo merezco porque me porté mal”, “me están corrigiendo”, “es por mi bien”.

En otras ocasiones, existen adultos que cuestionan la manera cómo fueron educados y no quieren repetirla con sus hijos. Sin embargo, aún cuando hacen todos los intentos por evitar estas acciones, en el momento de los hechos no logran encontrar los propios recursos y habilidades para manejar su rabia y agresividad.

La intensidad que puedan tener las reacciones agresivas, se relacionan con características de personalidad, con circunstancias en que viven las personas, pero también con la fuerza que tienen las creencias culturales en el permiso social que se les otorgue a estas situaciones. De esta manera, el maltrato infantil está fuertemente ligado al valor que se le adjudica a los niños en cada sociedad y en cada familia.

El hecho de participar actualmente de un mundo globalizado, da la posibilidad de conocer otras culturas y de cuestionar las propias creencias y costumbres, lo que ayudaría a modificar conceptos que permitirían construir una vida diferente. Además, permite establecer derechos universales acerca de los niños y del ser humano, en general.

Esta situación abre las posibilidades de pensar e investigar los efectos que puede tener el maltrato infantil a largo plazo y las consecuencias en el sistema de valores y en la salud mental, tanto individual como social, que establezca el niño en su vida adulta.

El hecho de que la cultura y sus instituciones, sean las que promueven, de alguna manera, el maltrato infantil, implica que este es un tema que va más allá de la relación entre padres e hijos y que se convierte en un problema social.  En este sentido, tanto los padres como la sociedad en su conjunto, debieran hacerse cargo del problema. Los padres, teniendo una inquietud por informarse y por querer trabajar, personalmente, en su propia historia. La sociedad, en la elaboración de programas de protección de la infancia y de intervención, que ayuden a producir cambios en las creencias y supuestos culturales que validan el maltrato infantil

Si bien la agresividad es un factor constituyente de todo ser humano, detener el maltrato infantil es una responsabilidad del conjunto de la sociedad. Esto incluye desde el mínimo gesto que pueda tener un padre hacia su hijo en la vida cotidiana, hasta conversaciones y acuerdos entre las distintas instituciones y naciones del mundo. Es necesario tomar conciencia de lo importante que es otorgarle al niño su valor, con el fin de desarrollar un adulto íntegro y constructivo en el futuro.

 

EL ESTRES Y EL MUNDO DE LOS EXCESOS: “Pulseras Mágicas. ¿Hasta donde queremos llegar?”

Desde hace un tiempo se detecta una búsqueda en el ser humano por sentirse mejor. Frente a esta situación, han surgido numerosas ofertas en el mercado, que dan explicaciones acerca del malestar y que prometen la felicidad.

Un nuevo producto son las pulseras 2.0, cuyo uso llevaría a “un bienestar general, más energía, sueño reparador, equilibrio”.

Las investigaciones relacionadas con éste y otros productos se enfocan en comprobar la veracidad de los nuevos inventos. Sin embargo, no se cuestiona sobre los valores que se está trasmitiendo en esta sociedad.: “El problema es probar que sí hacen lo que dicen. Cómo voy a probar que efectivamente tengo más energía. No hay un estudio que demuestre por ejemplo que un deportista que antes corría 100 metros en ocho segundos, con una pulsera lo haga en cuatro”

¿Por qué habría que correr más rápido? ¿Hasta dónde se quiere llegar?

El sistema en el cual participamos llama a las personas a buscar el exceso, a tener que dar cada vez más de sí mismas, que el “hacer” sea algo interminable. Se trabaja en forma inagotable y se corre maratónicamente para lograr un objetivo que no siempre está claro.

Muchas personas que consultan al psicólogo llegan con problemas en la piel, colon irritable, alto nivel de colesterol, ansiedad, vértigo, crisis de pánico. Enfermedades vinculadas a una palabra muy utilizada en estos tiempos: “estres”. Este daría cuenta de un desequilibrio general que se produce cuando se han agotado los recursos disponibles para resolver las situaciones. Junto a los síntomas físicos se detectan dificultades en las relaciones interpersonales, separaciones conyugales, hiperactividad en los niños, irritabilidad, violencia, falta de tolerancia.  

Aún así, da la impresión de que las personas no tienen intención de cambiar este estilo de vida, ya sea porque se sienten obligados a cumplir, porque lo ven como el único medio de adquirir bienes o bien, porque gozan de la adrenalina, la rapidez y los placeres de algunos fines de semana. De esta manera, se está configurando un ser humano cada vez más narcisista que solo busca objetos que le permitan seguir funcionando y que realiza grandes esfuerzos por reforzar una imagen que le ayude a sentirse poderoso.   

Esta situación se agudiza con los mensajes entregados por la publicidad y que se relacionan con la gracia de lo ilimitado. De esta manera, el exceso y la necesidad de satisfacción permanente, se transforman en un valor cultural.

Si bien existe en estos tiempos una búsqueda por sentirse mejor, es importante plantearse si la respuesta está vinculada con seguir en la explotación ilimitada de sí mismos, de los demás y del entorno, o bien, si tiene que ver con asumir las propias limitaciones y sus implicancias.

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